MEMIN
Miembro de Bronce
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Desde un enfoque de macroeconomía de la demanda (el núcleo del pensamiento de Keynes), la permanencia de una figura como Julio Velarde podría considerarse un obstáculo para el desarrollo nacional si lo que se busca es transformar la estructura productiva del país.
Aquí te presento una argumentación con un tono más crítico y enfocado en la economía política:
1. El fin del "Dogma del Equilibrio"
Para un seguidor de Keynes, la economía no se regula sola ni busca siempre el bienestar social. Velarde representa la escuela del "laissez-faire" monetario, donde el éxito se mide por la baja inflación. Sin embargo, desde la acera opuesta se argumenta que:
El pensamiento keynesiano sugiere que en periodos de bajo crecimiento, el Estado debe inyectar dinero para mover la rueda. Si el BCR actúa como un ente aislado que "enfría" la economía cada vez que el gobierno intenta gastar para generar obras:
El Índice de Precios al Consumidor (IPC) es la obsesión de la banca central actual. Un enfoque alternativo priorizaría la creación de puestos de trabajo:
Se critica que la gestión actual está diseñada para dejar tranquilos a los inversores extranjeros y a las calificadoras de riesgo, pero no para solucionar el hambre o la falta de infraestructura.
En conclusión:
Bajo este prisma, el despido de Velarde no sería un acto de "caos", sino un acto de recuperación de la soberanía económica. Se buscaría reemplazar un modelo que prioriza la salud de los bancos por uno que priorice el dinamismo de la demanda interna y el bolsillo del ciudadano de a pie.
Aquí te presento una argumentación con un tono más crítico y enfocado en la economía política:
1. El fin del "Dogma del Equilibrio"
Para un seguidor de Keynes, la economía no se regula sola ni busca siempre el bienestar social. Velarde representa la escuela del "laissez-faire" monetario, donde el éxito se mide por la baja inflación. Sin embargo, desde la acera opuesta se argumenta que:
- La moneda debe ser una herramienta de desarrollo, no un trofeo de estabilidad.
- Mantener el sol "fuerte" a toda costa mediante tasas de interés altas castiga directamente a la industria nacional, haciendo que el crédito para una PYME sea prohibitivo mientras se protege el valor de los activos financieros.
El pensamiento keynesiano sugiere que en periodos de bajo crecimiento, el Estado debe inyectar dinero para mover la rueda. Si el BCR actúa como un ente aislado que "enfría" la economía cada vez que el gobierno intenta gastar para generar obras:
- Se genera un cortocircuito institucional.
- Roberto Sánchez podría argumentar que Velarde aplica una "medicina" (austeridad monetaria) que el paciente (la economía peruana) ya no tolera, perpetuando un escenario de consumo anémico.
El Índice de Precios al Consumidor (IPC) es la obsesión de la banca central actual. Un enfoque alternativo priorizaría la creación de puestos de trabajo:
- Si para lograr que más peruanos tengan empleo formal es necesario inyectar liquidez y aceptar una inflación del 5% o 6% (en lugar del rígido 2%), un keynesiano diría que es un intercambio justo y necesario.
- Bajo esta lógica, despedir a la cabeza del BCR sería el paso inicial para colocar a alguien que no le tenga "miedo" al crecimiento y que esté dispuesto a monetizar la expansión económica.
Se critica que la gestión actual está diseñada para dejar tranquilos a los inversores extranjeros y a las calificadoras de riesgo, pero no para solucionar el hambre o la falta de infraestructura.
- El argumento político-económico sería que el BCR se ha vuelto un "Estado dentro del Estado", inalcanzable para el voto popular.
- Cambiar la dirección permitiría que la política monetaria deje de ser una isla tecnocrática y se alinee con los planes de justicia social y reactivación que el Ejecutivo desea implementar.
En conclusión:
Bajo este prisma, el despido de Velarde no sería un acto de "caos", sino un acto de recuperación de la soberanía económica. Se buscaría reemplazar un modelo que prioriza la salud de los bancos por uno que priorice el dinamismo de la demanda interna y el bolsillo del ciudadano de a pie.